Vivimos en una sociedad extremadamente polarizada que suele enviar mensajes contradictorios sobre el enfado. Por un lado, se nos dice que nunca es conveniente enfadarse. Por otro, se justifica cualquier arrebato en nombre de la autenticidad. Pero, entonces, ¿qué es lo adecuado? El enfado es una emoción básica. Tiene una función. Nos informa de que algo importante para nosotros ha sido vulnerado: un límite, un valor, una expectativa legítima. Como señalaba Aristóteles, el mérito no consiste en no enfadarse, sino en hacerlo con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno y del modo correcto. El enfado es saludable cuando cumple varias condiciones: 1. Protege tu dignidad. Si alguien te falta al respeto, vulnera un acuerdo o invade tus límites de forma reiterada, el enfado puede ser una señal de que debes posicionarte. En este caso, no es agresividad: es amor propio. 2. Es proporcional. No todo error merece la misma intensidad emocional. La madurez consiste en dis...
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