Si la carne diera fuerza, la comerían los atletas justo antes de competir en unas olimpiadas, o un ciclista que fuera a realizar el Tour de Francia (entre 150 y 200 Km cada etapa), o bien un corredor de maratón, dispuesto a recorrer 42 kilómetros sin parar. Pero no es así. Ninguno de ellos come un bistec, un plato de chuletas o una docena de huevos antes de esos grandes esfuerzos. Insisto: ninguno de ellos. Pueden comer carne en momentos alejados del entrenamiento, para crear músculo, pero nunca justo antes de un entrenamiento o de una competición. La práctica totalidad de los deportistas de élite del mundo consumen hidratos de carbono justo antes de las competiciones. Esa es la pura realidad. ¿Y por qué hacen esto? Porque la carne, precisamente, lejos de aportarla, es uno de los alimentos que más energía consume del organismo para poder ser digerido. Y es que convertir macroproteínas en aminoácidos que pueda aprovechar el cuerpo (proteólisis) requiere mucha cantidad de recursos ...
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