El joven Xólotl: Venerable maestro, nuestro mejor guerrero, Tízoc, come mucha carne y pocos vegetales, y es fuerte como una roca y ágil como un jaguar. El maestro venerable: Así es, mi querido Xólotl. Aunque no es fácil encontrar a jaguares que lleguen a viejos. El joven Xólotl: Sin embargo, Itzcóatl, nuestro curandero come poca carne y muchos vegetales, y es capaz de comunicarse con las plantas y con los animales. Tiene una gran sensibilidad y una gran intuición. El maestro venerable: Efectivamente, Itzcóatl llegará a ser un anciano muy longevo, pero difícilmente podría ser un gran guerrero. El joven Xólotl: Tlacaélel, el hijo de Serpiente de Obsidiana, ha aprendido a comer del aire, a través de la respiración. Eso es una gran proeza, ¿verdad? El maestro venerable: Sí, lo es. Pocos pueden alcanzar un logro tan grande. Pero Tlacaélel es un hombre sabio que conoce bien a La Gran Madre, y sabe cómo vivir en completa armonía con ella. El joven Xólotl: Y tú, venerable maestro Cuauhtém...
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