Si hablamos de alimentación, pocos hábitos hay más perjudiciales para la salud que meterse en la cama para dormir justo después de cenar. Es, simplemente, una costumbre que te asegura un pasaporte para la enfermedad.
Y es que cada vez que nuestro cuerpo adopta una posición horizontal, inmediatamente después, se ralentizan al mínimo todas las funciones metabólicas, incluyendo la digestión. De hecho, si haces la prueba y te tumbas en una superficie horizontal, comprobarás que en cuestión de pocos minutos disminuye tu ritmo cardíaco, la frecuencia respiratoria y también baja tu temperatura. Todo, de forma automática.
Si terminas de cenar y acto seguido te metes en la cama, los primeros 30 minutos el estómago intentará digerir la comida que hay en él, pero conforme avance el tiempo, todo el proceso se irá ralentizando, hasta que la comida quede atrapada en el estómago y no pueda digerirse adecuadamente. Entonces, empezará a fermentar; y esa fermentación generará una gran cantidad de toxinas (en personas con tendencia al sobrepeso, una parte de ellas se convertirán en grasas). Y a esto hay que sumarle que esa cantidad de toxinas han de ser procesadas (en gran medida, por el hígado), lo que propiciará un sueño de baja calidad.
Este hábito también explica, en muchos casos, que gente que duerme 8 horas seguidas se levante al día siguiente sin energía. Lo cual resulta muy frustrante. Sobre todo, si uno no comprende el porqué.
Sea como fuere, el hacer de este hábito una rutina, con el paso del tiempo puede provocar serios problemas de salud, y de muy variada índole. Porque al final el cuerpo termina intoxicándose gravemente, y el aparato digestivo termina resintiéndose por tener que hacer constantemente un sobreesfuerzo.
Solución: procura que tus cenas sean siempre muy ligeras, y procura que entre el último bocado y el momento de meterte en la cama para dormir transcurran un mínimo de 2 horas.
A la larga, te ahorrarás un montón de problemas.
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