El buenismo podría definirse como una especie de epidemia provocada deliberadamente por el movimiento globalista internacional y que afecta a una parte considerable de la población. Básicamente, consiste en una actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia enfermiza o actúa con excesiva tolerancia.
Ejemplos concretos:
- Ser excesivamente ingenuo o confiado en la bondad innata de las personas.
- Creer que casi todo se soluciona con diálogo, empatía, comprensión y buena voluntad.
- Mostrar una tolerancia ilimitada (o percibida como tal) hacia conductas, grupos o situaciones problemáticas.
- Priorizar siempre la compasión, la inclusión y el «no juzgar» por encima de la seguridad, la justicia o las consecuencias prácticas.
- Evitar el conflicto, la confrontación o medidas duras por miedo a parecer malo, insensible o poco progresista.
Este comportamiento se asemeja bastante a lo que popularmente ha venido expresándose como Eres tan bueno que pareces tonto.
La bondad, por contra, no tiene absolutamente nada que ver con el buenismo. Fundamentalmente, porque nace del amor y de los valores asociados al mismo.
Por eso, un ser humano genuinamente bondadoso:
- Se entrega a los demás pero sin olvidarse de sí mismo, porque tiene autoestima.
- Puede discernir momentos para el diálogo de momentos para las decisiones unilaterales.
- Es inclusivo pero sin que su inclusividad le dañe o perjudique al bien de sus semejantes.
- Practica la astucia, no la ingenuidad.
- Es tolerante, pero no con la malignidad.
- Prioriza el respeto por la vida y la libertad ante cualquier discurso que pueda mermarlas o menoscabarlas.
- Es consciente de que el bienestar (individual y colectivo), a veces, surge de la confrontación, de encarar el conflicto, o, simplemente, de distanciarse de quienes actúan sin valores, ética ni moralidad.
En definitiva, mientras que el buenismo se erige como una actitud creada artificialmente para cumplir con una agenda enemistada con la propia Humanidad, la bondad permite que el individuo pueda lograr su máximo potencial humano mediante el amor, y, asimismo, transforma las sociedades para que alcancen las mayores cotas de justicia, paz, libertad y prosperidad.
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