Por lo que he podido observar a lo largo de los años, tanto en el ámbito personal como en el profesional, afirmo que existe una relación directa, y sustancial, entre la salud mental y la capacidad de perdonar de un ser humano. O dicho de otro modo: la Ley del Perdón dice que estamos sanos mentalmente en la medida en que seamos capaces de perdonar libremente y olvidar las ofensas de los demás.
Es más, nuestra capacidad para estar sanos, sentirnos felices y prosperar en la vida depende, en gran medida, de nuestra propia capacidad para perdonar y para perdonarnos. Porque el rencor y el resentimiento son altamente destructivos para el equilibrio mental y dañinos para la salud.
Pero, ¿a quién nos convendría perdonar?
En caso de haber quedado pendiente:
- A NUESTROS PADRES, por cualquier cosa que hicieran en nuestra infancia que nos hirió.
- A LOS DEMÁS. Es decir, a todas las personas que nos han ofendido o herido a lo largo de nuestra vida.
- A NOSOTROS MISMOS. Por todas las insensateces, meteduras de pata, errores con graves consecuencias o dolor o sufrimiento causados a los demás… o hacia nosotros mismos.
- DISCULPÉMONOS, lo antes posible, ante esas personas a las que hemos ofendido, herido o perjudicado de alguna manera.
Y, por contra, unas cuantas consiguen experimentar auténticos milagros cuando ponen en práctica el perdón. Una de las acciones más poderosas, transformadoras y sanadoras de nuestro mundo.
Doy fe de ello.
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