Por lo que he podido observar a lo largo de los años, tanto en el ámbito personal como en el profesional, afirmo que existe una relación directa, y sustancial, entre la salud mental y la capacidad de perdonar de un ser humano. O dicho de otro modo: la Ley del Perdón dice que estamos sanos mentalmente en la medida en que seamos capaces de perdonar libremente y olvidar las ofensas de los demás.

Es más, nuestra capacidad para estar sanos, sentirnos felices y prosperar en la vida depende, en gran medida, de nuestra propia capacidad para perdonar y para perdonarnos. Porque el rencor y el resentimiento son altamente destructivos para el equilibrio mental y dañinos para la salud.

Pero, ¿a quién nos convendría perdonar?

En caso de haber quedado pendiente:

  1. A NUESTROS PADRES, por cualquier cosa que hicieran en nuestra infancia que nos hirió.
  2. A LOS DEMÁS. Es decir, a todas las personas que nos han ofendido o herido a lo largo de nuestra vida.
  3. A NOSOTROS MISMOS.  Por todas las insensateces, meteduras de pata, errores con graves consecuencias o dolor o sufrimiento causados a los demás… o hacia nosotros mismos.
  4. DISCULPÉMONOS, lo antes posible, ante esas personas a las que hemos ofendido, herido o perjudicado de alguna manera.
Millones de personas en este mundo observan con incomprensión cómo sus vidas o su salud se echan a perder, o se arruinan por completo, por no tener la humildad, la fortaleza, el valor ni la determinación para decirle a otras personas Lo siento o Te pido disculpas. O bien, a sí mismas: Me perdono por haber actuado así.

Y, por contra, unas cuantas consiguen experimentar auténticos milagros cuando ponen en práctica el perdón. Una de las acciones más poderosas, transformadoras y sanadoras de nuestro mundo.

Doy fe de ello.

Comentarios