Que he descubierto mediante mi propia experiencia y observaciones.
- Cuando el ser humano, a fuerza de caminar, abre un sendero en la montaña, con el paso del tiempo, el tomillo se acerca al sendero y abunda más en sus inmediaciones que si uno se aleja de él.
- Cuando no te encuentras bien y recoges con amor una planta medicinal, sea cual sea, te ayudará en tu dolencia (física, mental o emocional), aunque dicha planta no sea específica para tratarla.
- He conocido a gente enferma de distintas enfermedades o afecciones que al trasladarse a vivir al campo han descubierto al cabo de un tiempo que surgían ciertas plantas cerca de su casa y que dichas plantas servían, precisamente, para curar esas enfermedades.
- Si te acercas con ira, rabia o enfado a recoger una planta medicinal, puede cambiar su composición química en una fracción de segundo y llenarse de alcaloides, o simplemente neutralizar sus principios medicinales.
- El mero hecho de acariciar una planta con amor durante un rato te permite entrar en conexión con su campo cuántico, establecer un vínculo y que ella te transmita una parte de su personalidad.
- He visto (y he documentado) cómo una única acelga silvestre llegó a alcanzar una altura de más de 1,80 m porque yo establecí un vínculo afectivo con ella, mientras que el resto de sus compañeras del huerto no llegaban a 1 metro.
- Una planta con la que estableces un vínculo afectivo puede marchitarse si tú entras en una etapa de tristeza o depresión.
- Las plantas que utilizas en tus comidas sientan mucho mejor y multiplican sus propiedades medicinales si las preparas con amor y si las ingieres crudas (siempre que se pueda).
- Las plantas son sensibles a las voces, a los pensamientos y a las emociones de los seres humanos que cohabitan con ellas.
- Las plantas, al igual que los humanos, desarrollan afinidades y enemistades entre ellas. Por ejemplo, el nogal y el roble no se soportan; mientras que al abedul y al abeto les encanta estar juntos.
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