Supongamos que una mujer contacta conmigo porque desea dejar de fumar. Pues bien, tal como yo lo veo, ese hábito tan dañino tiene 3 capas:
- SUPERFICIAL. La nicotina genera adicción física. Por lo tanto, podría diseñarse una estrategia encaminada a ir suavizando poco a poco dicha dependencia. Por ejemplo, con parches de nicotina o con sustancias que provoquen aversión al tabaco. Pero, realmente, no estaríamos yendo a la causa. Con lo cual, con el paso del tiempo, esa mujer tendería a recaer.
- INTERMEDIA. La adicción en el plano mental se genera cuando el acto de fumar le lleva a la persona a atenuar su ansiedad. Por lo tanto, si le enseñamos a la paciente a gestionar mejor su ansiedad podría terminar dejando de fumar. Pero, una vez más, como no hemos ido a la capa más profunda, igualmente podría terminar recayendo con el paso del tiempo. De hecho, suele suceder.
- PROFUNDA. Más allá de la ansiedad y de la dependencia, el fumar pone de relieve, en el cien por cien de los casos, un conflicto de pareja (la que nos gustaría tener pero no tenemos, la que se tiene pero no nos hace caso, la que se tiene pero no nos llena, la que tuvimos y se fue, etc.). La paciente experimenta un vacío inconsciente en un órgano par (pulmones), el cual rellena con humo (metáfora corpórea de su vacío existencial). Además, todas las adicciones también revelan un conflicto con la figura materna. Y, en el caso de las mujeres fumadoras, el conflicto también implica a la figura paterna. Con lo cual, eliminar este hábito requiere de solucionar dos vertientes: que la paciente aprenda a llenar ese vacío existencial por sus propios medios, sin necesidad de una pareja (para que cuando tenga una a su lado no experimente dependencia de ella). Y segundo: sanar convenientemente la relación con los padres (concretamente, la Polaridad Masculina y la Polaridad Femenina).
Mi metodología se basa en ir siempre a la causa profunda de los eventos o manifestaciones. Simplemente, porque cuando eliminamos la causa profunda todas las demás consecuencias empiezan a diluirse y terminan desapareciendo. Y este principio sanador puede aplicarse exitosamente a cualquier situación desagradable que estemos afrontando.
Todo conflicto, problema, enfermedad, limitación, carencia o situación que provoque dolor o sufrimiento al ser humano, ya sea individual o colectivamente, requiere de ir a su causa profunda para poder solucionarlo o trascenderlo definitivamente.
En síntesis: todo efecto tiene una causa profunda y original.
Si eliminamos dicha causa, el efecto desaparece.
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