Vivimos en una sociedad extremadamente polarizada que suele enviar mensajes contradictorios sobre el enfado. Por un lado, se nos dice que nunca es conveniente enfadarse. Por otro, se justifica cualquier arrebato en nombre de la autenticidad. Pero, entonces, ¿qué es lo adecuado?
El enfado es una emoción básica. Tiene una función. Nos informa de que algo importante para nosotros ha sido vulnerado: un límite, un valor, una expectativa legítima.
Como señalaba Aristóteles, el mérito no consiste en no enfadarse, sino en hacerlo con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno y del modo correcto.
El enfado es saludable cuando cumple varias condiciones:
1. Protege tu dignidad.
Si alguien te falta al respeto, vulnera un acuerdo o invade tus límites de forma reiterada, el enfado puede ser una señal de que debes posicionarte. En este caso, no es agresividad: es amor propio.
2. Es proporcional.
No todo error merece la misma intensidad emocional. La madurez consiste en distinguir entre una torpeza, una diferencia de opinión y una verdadera injusticia.
3. Está regulado.
Cuando el enfado no secuestra tu capacidad de pensar, puedes elegir cómo expresarlo. No reaccionas, respondes. No atacas, afirmas.
4. Busca construir, no destruir.
El enfado asertivo no pretende humillar ni imponerse. Pretende aclarar, reparar o establecer límites. Su finalidad no es dañar, sino ordenar lo que se ha desordenado.
El enfado pierde su función cuando:
- Se convierte en descontrol.
- Busca herir.
- Es desproporcionado.
- Se acumula en silencio hasta explotar.
- Se convierte en una forma habitual de relacionarse.
Reprimirlo constantemente tampoco es saludable. El resentimiento acumulado suele transformarse en explosiones más destructivas que el enfado expresado a tiempo.
La inteligencia emocional no consiste en no sentir enfado, sino en integrarlo.La asertividad no significa dulzura permanente, sino firmeza respetuosa.
El enfado puede ser una emoción que defiende la dignidad, protege valores y fortalece relaciones cuando se expresa con conciencia.
En estos casos, lo deseable no es eliminarlo sino modularlo.
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