Todo lo que voy a detallar a continuación son hechos de los que he sido testigo como cliente y en todo tipo de negocios. No se trata de casos aislados. En realidad, en la España actual muchas de estas actitudes autodestructivas ya están normalizadas y son cada vez más frecuentes.
En los últimos diez años, he visto cómo unos cuantos negocios han tenido que cerrar la persiana, no tanto por la coyuntura político-económica, sino porque sus empleados o responsables incurrían de forma repetida en alguno o varios de los siguientes comportamientos:
- Trataban con frialdad, con sequedad o incluso irrespetuosamente a los clientes.
- Sus productos o servicios no cumplían con lo prometido.
- No devolvían llamadas o no contestaban a mensajes, incluso transcurridos varios días.
- No escuchaban con atención a los clientes ni atendían sus necesidades.
- No asumían los errores propios ni ofrecían soluciones cuando surgía un problema.
- No sonreían nunca.
- Descuidaban la calidad del producto o del servicio con el paso del tiempo.
- No cuidaban los detalles.
- No decían Por favor, Gracias o Lo siento cuando era conveniente o necesario.
- Creían que los clientes les debían algo en lugar de entender que el negocio existía gracias a los clientes.
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