Aunque ambos tipos forman parte de una comunicación equilibrada, la comunicación emocional suele generar más empatía y llega más al corazón de la gente. Por eso, muchos gobiernos la utilizan perversamente para manipular a las masas y muchas empresas para ganar nuevos clientes.
Sin embargo, la comunicación emocional, por supuesto, puede utilizarse de manera completamente constructiva.
Veámoslo con algunos ejemplos:
1. En el ámbito laboral.
• Racional: El informe tiene tres errores en la página dos y falta la conclusión.
• Emocional: He comprobado que el informe que has redactado no refleja todo tu potencial.
2. En la pareja.
• Racional: Has llegado treinta minutos más tarde de lo acordado.
• Emocional: Me he sentido desplazado al esperarte sin saber si vendrías.
3. Entre amigos.
• Racional: Este restaurante tiene una puntuación media de 4,6 sobre 5 y precios moderados.
• Emocional: Me encanta este restaurante; siempre salgo de aquí con una sonrisa.
4. En la educación (padre e hijo).
• Racional: Has suspendido tres asignaturas y tu media ha bajado dos puntos.
• Emocional: Confío plenamente en que puedes hacerlo mucho mejor.
5. En una queja al servicio de atención al cliente.
• Racional: El pedido debía llegar el día 12 y ha llegado el día 16.
• Emocional: Me ha generado mucha frustración recibir tan tarde el pedido.
6. En el deporte.
• Racional: Has corrido los diez kilómetros en 52 minutos.
• Emocional: Se nota tu esfuerzo; has superado tus propios límites.
7. En una entrevista de trabajo.
• Racional: Tengo cinco años de experiencia en gestión de proyectos y un máster en dirección financiera.
• Emocional: Estoy muy motivado por formar parte de su equipo y aportar todo lo que sé.
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