Muchas veces, los problemas no terminan de solucionarse porque no se va a su causa original, porque se han tratado de manera superficial, es decir, porque no se ha profundizado lo suficiente en su abordaje. Un buen ejemplo de ello sería el deseo de dejar de fumar.
En la capa más superficial está el plano físico: la nicotina genera una intensa adicción.
Debajo, hay una capa un poco más profunda: el plano mental o psíquico. Busco al tabaco, consciente, libre y voluntariamente porque me calma la ansiedad.
Más abajo todavía, encontramos otro nivel, inconsciente: el emocional. El tabaco llena un vacío existencial en mi vida.
En la siguiente capa, seguimos en el inconsciente, y nos encontramos con un plano simbólico: El humo del tabaco llena los pulmones. Los pulmones son un órgano par. Por lo tanto, el acto de fumar representa un conflicto de pareja (la que no tengo/la que no me hace caso/la que no me llena/la que ya no amo/la que me dejó malherido/la que quisiera tener y no tengo…).
Pero todavía subyace una capa más profunda, e igualmente inconsciente: No me sentí suficientemente amado por mis padres cuando yo era pequeño. El tabaco intenta suplir fallidamente esa carencia. Por eso, sigo enganchado a él.
Si algo caracteriza mi trabajo es que voy a la raíz de los problemas, a la causa original. Y desde ese nivel, desde las profundidades, resulta mucho más fácil resolver los problemas.
Resolverlos definitivamente.
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