Lo que nadie te cuenta de la dieta cetogénica

¿Por qué es más que probable que una persona que sigue una dieta cetogénica basada en carne termine enfermando con el paso de los años?

Contesto a esta pregunta.

La inmensa mayoría de las personas que siguen una dieta cetogénica consume alimentos que no son ecológicos. Fundamentalmente, porque son demasiado caros y no pueden permitírselo. O dicho de otro modo: la carne, el tocino, la grasa, la mantequilla, el queso azul y los huevos que consumen a diario proceden de animales (pavo, pollo, cerdo, vaca…) que han sido criados de forma industrial. Animales que, en muchos casos, nunca han visto la luz del Sol, que no se han relacionado naturalmente con sus semejantes, que han recibido antibióticos, vacunas, desparasitantes químicos, medicamentos… Animales que a menudo son engordados con piensos que no se corresponden con su dieta natural, o que directamente son transgénicos (en la Unión Europea, incluyendo a España, están permitidos). Animales que arrastran el trauma de haber sido separados desde pequeños de sus padres, que no han sido amamantados por sus madres, y que, para colmo, viven en jaulas, o, en su defecto, hacinados. Animales que padecen un infierno emocional en el largo camino hasta el matadero, y que, una vez allí, experimentan durante largos minutos o incluso horas la angustia horrorosa de saber que van a ser sacrificados al escuchar los chillidos desesperados de sus semejantes. Ese estrés extremo, ¿no tiene una repercusión en la composición química de la carne? ¿No afecta, por ejemplo, a su contenido final de cortisol? Respondo: por supuesto que sí. 

¿De verdad alguien puede creer que un ser humano, al cabo de los años, pueda alcanzar un nivel elevado de salud, y sostenerla en el tiempo, basando su dieta en seres que estuvieron vivos (y que ahora son cadáveres), que eran sintientes y que durante meses o años han experimentado cotidianamente el miedo, la angustia, la tristeza, el dolor y el sufrimiento?

Cuando te comes un animal te comes su energía, sus vivencias, sus emociones… Los animales no son solo materia, son espíritu. La propia palabra animal significa, literalmente, el que tiene alma (cualquiera que tenga un perro lo sabe perfectamente). Si un animal ha experimentado de forma cotidiana angustia, tristeza, ansiedad o miedo esas emociones quedarán registradas en su carne y, en mayor o menor medida, luego pasarán a ti.

No nos equivoquemos, los cazadores del pasado no comían nada parecido a este tipo de carne que se consume hoy en día. Ni remotamente. La de entonces y la de hoy son absolutamente incomparables. Otra cosa muy distinta sería que comiéramos carne completamente natural, libre de tóxicos, procedente de animales que han sido razonablemente felices a lo largo de su crianza, y en una cantidad moderada, no a diario, tal como la comían nuestros bisabuelos en los pueblos o en las aldeas. Pero en el mundo actual estamos a años luz de eso.

Por lo demás, me llama poderosísimamente la atención que ninguno de los más famosos defensores de esta dieta mencione en sus vídeos de Instagram o TikTok la importancia de que esos alimentos, que recomiendan con tanto fervor, sean ecológicos (porque hoy en día me parece una necesidad imperiosa). Como si eso no tuviera ninguna importancia. Como si diera exactamente igual ingerir a diario carne, grasa, queso o huevos con una alta carga tóxica y procedentes de animales que han tenido una vida horrible.

Es, sencillamente, incomprensible.

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