El alimento que sale de la boca

A la hora de hablar de alimentación, se le da prioridad absoluta a lo que entra por nuestra boca. Se dice que debe ser lo más natural posible y de la mejor calidad. Ahí estamos todos de acuerdo. Porque casi todo el mundo comprende que la calidad de nuestro alimento determina en gran medida nuestra calidad de vida. Sin embargo, nadie habla del alimento que sale de nuestra boca: más importante aún que el que entra en ella, muchísimo más, y con una mayor repercusión en nuestra vida.

Las palabras y frases que pronunciamos en voz alta a lo largo del día poseen una vibración, que atrae a nuestra realidad situaciones agradables, que favorecen nuestra armonía, nuestra salud y nuestra prosperidad; o que, por el contrario, atraen contratiempos, desgracias, escasez o enfermedades. 

Las palabras o frases que atraen oscuridad y malestar a nuestras vidas son las que se dicen gritando, con rabia o ira; las que demuestran desprecio o indiferencia hacia los demás; en general, todos los tacos; todas las que expresan pesimismo a futuro, las que niegan posibilidades… Por ejemplo:

    • No me agobies con tus problemas.
    • ¡Que le jod-- al vecino!
    • El trabajo está fatal. Todo el mundo lo dice.
    • Es imposible encontrar un piso de alquiler a un precio razonable.
    • Si vas apurado de dinero, es tu problema, no el mío.
    • Me revienta tu ironía.
    • Me pone enfermo que no me escuches cuando te hablo.
    • Esto va a acabar muy mal.


Por contra, las palabras o frases que atraen luz y bienestar a nuestras vidas son las que se dicen con dulzura, con suavidad, con amabilidad; las que demuestran aprecio y valoración hacia los demás; las que expresan optimismo, seguridad y confianza en el futuro; las que abren la puerta a posibilidades insospechadas… Por ejemplo:

    • Me pongo en tu lugar. Sé que no es fácil lo que estás viviendo.
    • Tendré cuidado para no molestar al vecino.
    • Confío en que encontraré un trabajo que me haga feliz.
    • Seguro que habrá alguien que pueda alquilarme un piso a buen precio.
    • ¿Qué dificultades tienes con el dinero? Te escucho. Cuéntame.
    • Prefiero que no ironices con este asunto.
    • Me sentiría más cómoda contigo si me escucharas.
    • Encontraremos la forma de solucionarlo.

Comentarios