Hace unos cuatro años, tuve en la consulta a una paciente de República Dominicana aquejada de una otitis persistente que había intentado solucionar con CDS, amargo sueco y arcilla.
La combinación de estos protocolos, adecuadamente ejecutados, había funcionado bastante bien, pero no había eliminado definitivamente el problema. Había conseguido mejorarlo temporalmente, o incluso había eliminado los síntomas durante unas semanas, pero en cuanto la paciente dejaba los tratamientos la otitis volvía a manifestarse implacablemente al cabo de un tiempo.
Este fenómeno lo he visto muchas veces a lo largo de los años: tratamientos naturales correctamente aplicados que no terminan de solucionar un problema… porque no van a la causa del mismo, a saber: el conflicto psicoemocional que subyace debajo del plano físico.
Mi paciente era una mujer de unos 45 años cuyo marido, a partir de un determinado momento, empezó a hablarle de malas maneras, despectivamente, incluso a insultarla. Ella, por su parte, ya desde pequeña, había crecido en un entorno familiar en el que su padre, un hombre muy severo, le había condicionado para reprimir sus emociones.
La resultante final fue una situación en la que tenía que oír a diario humillaciones, vejaciones e insultos por boca de quien más cerca tenía. Todo ello, sin poder establecer un diálogo constructivo con su marido; y toda esa amargura vivida en silencio, sin compartirla con nadie.
Era evidente que aquellas palabras tan hirientes, escuchadas un día tras otro, le provocaron un gran dolor en su corazón… y en su oído derecho (el lado del padre). Un dolor del alma que ni el CDS, ni el amargo sueco ni la arcilla podían curar. Porque el alma solo puede ser curada con amor.
En la consulta realizamos un trabajo concienzudo para sanar la relación con el padre y potenciar la autoestima. Cuando dicho proceso concluyó, en unos tres meses, mi paciente decidió por sí misma cortar todo vínculo con su marido e irse a vivir con su madre. De tal manera que una vez instalada en la casa de su progenitora, la otitis desapareció por completo.
Y ya no volvió a manifestarse nunca más.
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