Hace cosa de diez años, comenzó a ponerse muy de moda consumir bicarbonato para alcalinizar el organismo. Algunas personas lo tomaban solo, diluido con agua, y otras mezclado con zumo de limón.
Tengamos en cuenta que el bicarbonato es un poderoso antiácido, porque diluido en agua se convierte inmediatamente en un líquido muy alcalino. Por eso, tiene sentido tomarlo muy puntualmente si uno tiene acidez o gastritis. Repito: puntualmente. No como un hábito diario.
Conviene recordar que el estómago es, además de un órgano digestivo, una barrera contra bacterias patógenas, las cuales suelen estar más presentes en las carnes y el pescado, pues ambos son alimentos muertos que van experimentando un progresivo y rápido proceso de descomposición a partir del preciso instante en el que el animal sacrificado muere.
Si una persona adquiere el hábito de tomar bicarbonato diluido en el agua que toma a lo largo del día, lo que le puede suceder es lo que le sucedió a varios pacientes que he tenido en la consulta en los últimos años: que sufrían episodios patológicos de bacterias estomacales que no terminaban de marcharse, ni siquiera con los bactericidas naturales más potentes.
Es muy simple: si tomas agua con bicarbonato a lo largo del día lo que vas a conseguir es neutralizar en mayor o menor medida los ácidos del estómago, especialmente si ingieres proteínas de origen animal. En consecuencia, el estómago no va a disponer de su arma más poderosa para destruir esas bacterias: el ácido. Porque éste ha sido neutralizado por el bicarbonato.
Tengamos presente que el bicarbonato es un producto químico inorgánico. No existe en la Naturaleza como tal. Y el cuerpo humano no está optimizado para poder metabolizar sustancias inorgánicas. Solo las plantas pueden convertir materia inorgánica en orgánica (son, junto con las bacterias, los únicos organismos autótrofos fotoquimiosintéticos).
Tiene sentido tener en casa un bicarbonato de calidad (muy importante: sin aluminio) para ser usado puntualmente, pero no para ser ingerido a diario. Fundamentalmente, porque no es algo natural. Partimos de esa base.
Cualquier persona que pretenda mantener alcalino su cuerpo (que es como debería estar de forma natural) debería recurrir a las frutas y a las verduras, que es lo que se viene haciendo desde hace cientos de miles de años, ya que son los únicos alimentos que, cuando se consumen crudos, tienen la capacidad de alcalinizar nuestro organismo, hidratarlo, aportarle nutrientes vivos y curarlo. Solo el Reino Vegetal puede curar. Por eso, incluso los carnívoros comen plantas cuando están enfermos, tanto para purgarse como para sanarse.
La carne, el pescado, los huevos y las grasas animales son altamente acidificantes. Por eso, lo razonable es comerlos en cantidad moderada y siempre acompañados de verduras, para que la alcalinidad de éstas equilibre la balanza del pH corporal. Y esto es lo que llevan haciendo desde hace miles de años los pueblos más longevos y saludables del planeta (hunzas, abjasios, vilcabambas, esenios, okinawenses...). Incluso todas las culturas de la cuenca mediterránea. Sí, todas ellas, tradicionalmente, acompañan las proteínas de origen animal con verduras:
En Grecia, en Turquía, en el Líbano, en Italia, en Egipto o en España.
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