Las proteínas son las equivalentes de los materiales de construcción de un edificio, es decir, todo aquello que conforme su estructura: ladrillos, cemento, hormigón, yeso, baldosas, azulejos, cableado, etc. Por lo tanto, cuando un edificio está en proceso de construcción se requiere un suministro constante de materiales. Sin embargo, cuando el edificio ya está construido solo se necesita una pequeña cantidad de material para efectuar las labores de mantenimiento o reparación. Nada más. No tendría ninguna lógica haber terminado de construir el edificio y seguir recibiendo grandes suministros de materiales a diario.
Pues bien, con el cuerpo humano sucede exactamente lo mismo: una vez se supera la etapa de crecimiento la cantidad de proteínas que necesitamos es mínima. Pero, a pesar de esta lógica tan natural como aplastante, estamos asistiendo en occidente a un fenómeno de proteinomanía social en virtud del cual cada vez más gente consume más y más cantidades de proteína. Lo cual es, además de antinatural, muy perjudicial para la salud; tremendamente perjudicial.
Algunos datos IRREFUTABLES:
1) El período de la vida del ser humano en el que más proteínas necesita es en la lactancia. La leche materna contiene un promedio de 10g de proteína por cada litro. Eso es muy poco. Realmente, poco. Y, sin embargo, el bebé crece más rápido que en cualquier otra etapa de la vida. ¿Será que la Naturaleza es tonta? ¿Será que la leche de una madre no es el mejor alimento para un bebé?
2) Múltiples estudios de laboratorio (Levine, 2014; Fontana, 2008; Song, 2016; Pedersen, 2016; Kitada, 2019) han demostrado, sin ninguna duda, que cuantas más proteínas hay en la dieta de un animal, menos longevidad alcanza y mayores problemas de salud tiene a la larga.
3) Absolutamente todos los pueblos más longevos y saludables de la historia (hunzas, abjasios, vilcabambas, esenios, okinawenses, nicoyanos, sardos, tarahumaras, icarianos), repito, absolutamente todos ellos, sin excepción, han llevado una alimentación baja en proteínas. Y del porcentaje total de proteínas, solo una fracción era de origen animal.
Hace unas décadas se pusieron muy de moda los productos light, bajos en grasas. Luego supimos que detrás de esa campaña había un interés en disminuir el cociente intelectual de la gente (pues el cerebro necesita grasas para funcionar óptimamente) bajo la apariencia de perder peso o no engordar. Ahora, la moda es que una gran cantidad de alimentos del supermercado estén enriquecidos con proteínas. Además de fomentarse masivamente las dietas hiperproteicas mediante las redes sociales.
Estamos asistiendo a la mayor campaña de destrucción de la salud humana de todos los tiempos. Ahora, resulta que los vegetales, las frutas, las verduras y los alimentos integrales son dañinos para la salud; mientras que lo que cura, según algunos, es comer a diario cantidades obscenas de carne, grasa y huevos, como si no hubiera un mañana. Para desayunar, para comer y para cenar.
Dentro de una década empezaremos a ver las graves consecuencias de toda esta locura colectiva.
Conmigo, desde luego, que no cuenten. Yo seguiré tomando como referencia a la Madre Naturaleza, y a los pueblos que, a lo largo de miles de años, han logrado ser un ejemplo imbatible de salud y longevidad extraordinarias.
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