"Estoy enganchadísimo...".

Nunca imaginé que la sociedad llegaría hasta un punto en el que una buena parte de la gente presumiría abierta y públicamente de ser adicta.

Cada vez oigo más, y por doquier, la frase de marras:

    • Estoy enganchadísima a la serie… No me pierdo ni un episodio.
    • Estoy enganchadísimo al gimnasio. 
    • Estoy enganchadísima al chocolate.
    • Estoy enganchadísima a TikTok, me meto a ver un vídeo y cuando me doy cuenta han pasado dos horas.
    • Estoy enganchadísimo a los podcast, me los pongo hasta para ducharme.


Aunque existen otras muchas variantes, como, por ejemplo:

    • Yo, si no me tomo un café por la mañana, no soy persona.
    • Yo ya no sé vivir sin Chat GPT.
    • No sé comer sin mirar el teléfono, es que no puedo.
    • Yo sin trabajar no sé qué hacer, en vacaciones me pongo de los nervios.
    • Yo si no fumo después de comer, la sobremesa no es lo mismo.


El problema es que al verbalizar estas afirmaciones de forma casual, o incluso con humor, ocurren varias cosas a la vez:

    • Se normalizan estos hábitos (decirlo en voz alta sin que nadie lo cuestione convierte el patrón en algo aceptable, incluso simpático).
    • Se identifica uno con ello (soy así o yo sin X no puedo fusiona la identidad de la persona con la dependencia, lo que hace casi impensable cuestionarla).
    • Se refuerza el circuito (nombrar la necesidad activa el mismo sistema de recompensa que la sustancia o conducta en sí. Es casi como un micro-ensayo del ansia).
    • Se cierra la puerta a la duda (al enunciarlo como un rasgo de personalidad y no como un hábito, se elimina la posibilidad de preguntarse ¿y si no fuera así?).

Y lo más paradójico es que muchas de esas frases se dicen buscando conexión social, porque generan complicidad y risas. Es decir, la dependencia se convierte en moneda de intercambio afectivo, lo que añade una segunda capa de refuerzo completamente invisible. O dicho de otro modo: el esclavo no solo no ve sus propias cadenas. Las luce.

Infinitamente mejor sería cultivar la libertad y la autoestima, diciendo algo como:

    • Sigo atentamente la serie… Pero no pasa nada si me pierdo algún capítulo.
    • Voy a menudo al gimnasio. Me pone en forma.
    • Me encanta el chocolate, pero lo como con moderación por mi propio bien.
    • A veces, como mirando el teléfono, pero puedo prescindir de él perfectamente.
    • Disfruto de mi trabajo y de las vacaciones cuando las tengo.

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