Existen distintas formas de sanar los traumas y de vencer las limitaciones. En mi consulta, recurro habitualmente a una metodología que he ido desarrollando en los últimos años y que bauticé como Viaje Cuántico Guiado. Y una de las modalidades de ese viaje cuántico consiste en viajar al pasado para modificarlo, y, de ese modo, alterar el presente.
Esto podría parecer algo fantasioso a primera vista si no fuera porque, cuando se hace de la manera adecuada, funciona. A veces, de forma sorprendente.
El viaje cuántico guiado al pasado no consiste en visualizar una escena del pasado y cambiarla por una mejor sino, más bien, entrar en un estado de inmersión en esa escena, es decir, no la visualizas en tu mente, te sumerges en ella sensorialmente; y, además, conectas emocionalmente con la situación. De ese modo, cuando juntamos inmersión sensorial y conexión emocional, ya estamos en condiciones de sanarla.
¿Pero cómo se sana?
Lógicamente, con amor, en cualquiera de sus facetas. Se trata, no de revivir la escena traumática, sino de reemplazarla por una escena en la que domine el amor y en la que nosotros nos sumergimos sensorial y emocionalmente… como si realmente estuviéramos allí. Esa es la clave de todo.
Lo que genera esta acción consciente es una reconfiguración de nuestro Campo Cuántico de Información, el cual, a su vez, modifica nuestro presente.
Por supuesto, esto no funciona como un interruptor, que apretamos y desaparece el trauma, el conflicto o la limitación. A veces, un solo viaje puede provocar un cambio muy evidente y rápido en nuestra realidad, y en otras ocasiones se necesitan varios viajes para generar un cambio sustancial. Fundamentalmente, depende de la capacidad del viajero para sumergirse en esa escena con su imaginación y para conectar emocionalmente con ella. Sobre todo, de eso.
Lo maravilloso, y fascinante, es que a través de esta metodología podemos comprobar en primera persona que, efectivamente, podemos viajar en el tiempo, y hacerlo de un modo que realmente transforme nuestras vidas a mejor.
Porque ya os digo: no necesariamente hay que sufrir para sanar.
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