Somos afortunados por vivir en un momento de la historia en el que se ha producido una eclosión de tratamientos más o menos naturales para curar a las personas. Y me alegra de corazón que la gente sea libre para elegir por cuál opta en cada momento. Yo los he probado casi todos y tengo una opinión formada sobre ellos.
Personalmente, siento un amor muy especial por toda la medicina que nos brinda la Madre Naturaleza, es decir, por las sustancias realmente vivas. Por ejemplo:
- Los alimentos ecológicos e integrales, que actúan como auténticas medicinas, a diferencia de los comestibles refinados o procesados que lo único que hacen es enfermar.
- El ajo, el limón y la cebolla. Son clásicos en la medicina natural mediterránea desde hace miles de años, y no han dejado de ser eficaces en ningún momento. Sirven para tratar exitosamente cientos de afecciones. Por supuesto, de la forma correcta y en las dosis adecuadas.
- Las plantas medicinales. Pueden curarlo todo si uno sabe cómo utilizarlas y combinarlas. Y las que mejor funcionan son las que uno mismo recoge del campo con cariño y respeto.
- Los aceites esenciales. Por ejemplo, el de orégano: un potentísimo destructor de microorganismos patógenos, antibacteriano, antifúngico, antiparasitario (sobre todo, parásitos microscópicos). Prácticamente, imbatible.
- Las esencias florales. Curan a un nivel profundo, yendo a la raíz: los conflictos y las actitudes dañinas que se gestan en el plano psicoemocional.
- El agua de mar. Literalmente, donde surgió la vida en la Tierra. Magnífico complejo mineral. Revitalizante. Reseteador de memorias celulares.
- La arcilla. Es una sustancia viva aunque no lo parezca. Y puede curarlo casi todo cuando se aplica y se ingiere de la forma adecuada y con las dosis correctas.
- El Sol: el padre de la vida en nuestro planeta, el que fecunda a la Madre Tierra con sus rayos poderosos. Cuando se toma con sentido común, respeto y conciencia (no solo para ponerse moreno) puede hacer mucho por nosotros.
En mi humilde opinión, no existe laboratorio humano ni producto químico que pueda superar la grandiosidad, la complejidad biológica, la perfección y la eficacia de sustancias orgánicas que se gestan en útero de la Madre Naturaleza. Sustancias que han necesitado miles de millones de años para evolucionar y ser capaces de curar nuestro cuerpo y nuestra alma sin hacernos pagar un precio por ello. Porque ellas, no solo curan, sino que nos transforman interiormente con su energía, con sus vibraciones y con sus frecuencias.
Nos ayudan a curarnos, a evolucionar y a elevarnos.
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