Hace no mucho, en una excursión a la montaña con un grupo de gente, coincidí con una antigua amiga a la que no veía desde hacía tiempo, que ya había sido madre y que tenía un hijo de trece años.
En uno de los descansos de la ruta, me comentó: ...mi hijo es demasiado fantasioso, Carlos. Es como si viviera siempre en las nubes, como si le costara mucho aterrizar en la realidad. Y eso, a menudo, le trae problemas con su entorno. ¿Hay alguna cosa sencilla que pueda hacer para ayudarle?
Y esta fue mi contestación: Sí, haz todo lo posible para que vaya descalzo la mayor parte del tiempo. Por lo menos, mientras esté en casa. O cuando salgáis a la Naturaleza. Es fundamental que ponga los pies en el suelo varias horas todos los días, en la medida de lo posible.
Cuatro meses más tarde, mi amiga me envió un correo electrónico en el que me contaba lo siguiente:
Querido Carlos, aún me cuesta creer el cambio tan radical que he visto en mi hijo durante estos meses, está irreconocible. Curiosamente, pocos días antes de encontrarte en la excursión, nos instalaron en nuestra casa un sistema de calefacción por suelo radiante, con lo cual, Juanjo (el hijo de mi amiga) ahora puede caminar descalzo tanto en verano como en invierno. A los pocos días de hablar contigo, su padre le compró un equipo para jugar al bádminton y casi todos los días juegan un rato en el jardín. Además, se han aficionado mucho y lo pasan genial. Ahora, Juanjo, cuando está en casa va casi siempre descalzo, tanto si está en el interior como en el jardín. Ya te digo, mi hijo parece otro. Se ha vuelto más realista, más maduro, y nosotros no hemos hecho nada especial. Simplemente, tener en cuenta lo que me comentaste. Estamos encantados y muy agradecidos.
Este caso, como tantos otros, que parecen resolverse de forma milagrosa, en realidad, no tienen nada que ver con los milagros. Se trata de aplicar en la vida cotidiana los principios de la Metafísica y de la Cuántica. Se trata de entender que los distintos planos de la realidad están interconectados, y que cuando actuamos desde el plano simbólico con conciencia sobre el plano físico (caminando descalzos, por ejemplo) esto tiene una repercusión, a su vez, sobre el plano mental y emocional.
Lo dice muy claro el Principio de Correspondencia de las 7 Leyes Universales: Como es arriba es abajo. Como es abajo es arriba.
A esto hay que sumarle que cuando el crío caminaba descalzo este acto tan simple enviaba un mensaje simbólico directo a su mente inconsciente: Tu lugar está aquí, en la tierra, en el presente.
Y, por último, desde una perspectiva cuántica, al modificar de forma sostenida el estado corporal del crío (contacto directo con la tierra), se altera la frecuencia global de su campo cuántico de información, y ese nuevo patrón entra en resonancia con estados internos más estables, presentes y terrenales, reorganizando espontáneamente su vivencia psicoemocional.
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