Mi opinión sobre el caldo de huesos

Cuando yo me planteo incorporar a mi dieta un alimento nuevo, trato de verlo en su conjunto (holísticamente), es decir, con sus ventajas y sus inconvenientes. Por ejemplo, el vino tinto es muy rico en hierro, pero no sería una opción aceptable tomarlo a diario para corregir una anemia. Y por una razón elemental: porque contiene alcohol y el alcohol es tóxico. Así que, al final, no compensaría.

Si yo pretendo incorporar a mi dieta un alimento, procuraré que tenga varias ventajas y, a ser posible, ningún inconveniente, o casi ninguno. Es decir, que realmente me compense. Pero otro aspecto que conviene tener en cuenta, y es fundamental, es que me tiene que compensar, no solo a corto plazo, sino a largo plazo, también. No me interesa que me beneficie en cuestión de días o semanas y que después de meses o años consumiéndolo termine perjudicándome. Más que nada, porque yo aspiro a tener un bienestar completo y sostenido en el tiempo. No me vale lo de Pan para hoy y hambre para mañana.

Si uno preparara caldo de huesos como fuente de colágeno para su cuerpo, debería saber que, efectivamente, aporta aminoácidos relacionados con el colágeno, como glicina, prolina e hidroxiprolina. Pero…

...el colágeno ingerido no llega intacto a los tejidos: se digiere en aminoácidos y pequeños péptidos. Y posteriormente, el cuerpo decide si los usa o no para sintetizar colágeno propio.

La calidad del caldo de huesos depende totalmente del animal, y si dicho animal es criado industrialmente:

- Las grasas pueden concentrar contaminantes liposolubles (pesticidas, dioxinas).

- Los huesos pueden acumular metales pesados (plomo, cadmio, mercurio).

- También es muy probable que contenga restos de antibióticos y de vacunas.

Y ahora conviene subrayar un hecho comprobado: NINGÚN PUEBLO ANCESTRAL LONGEVO Y SALUDABLE HA BASADO LA DISPONIBILIDAD Y CALIDAD DE SU COLÁGENO CORPORAL EN EL CONSUMO REGULAR DE CALDO DE HUESOS. ABSOLUTAMENTE NINGUNO.

En algunas culturas tradicionales, el caldo:

- Se consumía de forma ocasional o cíclica, no diaria.

- Procedía de animales locales, criados sin química industrial.

- Formaba parte de un conjunto dietético, no de una obsesión aislada.

Entonces, ¿de dónde sacaban el colágeno los pueblos más longevos y saludables de la historia?

Desde un enfoque fisiológico, el cuerpo no necesita colágeno externo, sino condiciones para fabricarlo.

Para ello son clave:

- Vitamina C (imprescindible): cítricos, pimientos, hojas verdes, frutos silvestres.

- Silicio: cereales integrales, ortiga, cola de caballo.

- Cobre y zinc: semillas, legumbres, frutos secos (adecuadamente preparados para evitar los antinutrientes).

- Azufre orgánico: ajo, cebolla, coles.

- Aminoácidos: que pueden proceder tanto de alimentos vegetales bien combinados como de pequeñas cantidades de proteína animal limpia.

Las dietas tradicionales longevas aportaban estos elementos de forma constante y natural, sin necesidad de concentrados.

CONCLUSIÓN:

El caldo de huesos es una opción aceptable si:

- Procede de animales criados ecológicamente.

- Se consume con moderación.

- No se entiende como una solución central al envejecimiento.

Una dieta rica en vegetales frescos, vitamina C y minerales es, en términos globales, mucho más coherente con la fisiología humana y con la experiencia histórica de los pueblos longevos.

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