La anorexia de Laura

Hace un par de años, acudió a mi consulta una mujer (me referiré a ella con el pseudónimo Laura) de 35 con anorexia y que había vivido un auténtico calvario desde su adolescencia. En su momento, buscó la ayuda de distintos profesionales, pero solo experimentó algunas mejorías transitorias, después de las cuales la recaída era cada vez peor.

Esta mujer había nacido y crecido en una familia cuyos padres eran: un padre bonachón, muy consentidor (para con ella) y sin autoridad; y una madre dominante, hipercontroladora que profesaba hacia Laura un, llamémosle, amor totalmente condicional, supeditado a que su hija cumpliera en cada momento con todas y cada una de sus sus expectativas.

Laura, más pronto que tarde, ya en la adolescencia, coincidiendo con el fluir de las hormonas y el desarrollo corporal propio de una mujer, empezó a sufrir en sus carnes esa actitud tóxica de su madre, a la que ya me he referido anteriormente. Por lo que paulatinamente fue desencadenando unos mecanismos inconscientes que le fueron conduciendo lentamente hacia la anorexia. 

Antes de avanzar en este caso, conviene partir de la premisa que la madre representa:

  • La fuente de la vida.
  • La nutrición (física, emocional y simbólica).
  • La pertenencia al mundo

Consecuentemente, comer no es solo ingerir alimento: es aceptar la vida tal como viene. De lo que se desprende que rechazar el alimento, por tanto, simboliza un rechazo de la vida recibida, y esa vida llega, en primera instancia, a través de la madre.

En este contexto, la mente inconsciente de Laura empezó a desarrollar estos programas en relación con la figura de su madre:

  • No tomo lo que viene de ti.
  • No acepto esta forma de amor.
  • No quiero crecer según tu modelo.

En el caso de Laura, su madre invasiva y sobreprotectora le obstaculizaba el que pudiera ser autónoma, le hacía percibir la idea de que el amor implica control, y aunque su madre era una persona muy presente en su día a día, no le concedía espacio para su autoexpresión ni para su autorrealización.

En la mayoría de los casos (no todos), la anorexia aparece en mujeres y se intensifica en la pubertad. Desde un plano simbólico profundo:

Comer → engordar → menstruar → sexualidad → fertilidad.

Todo ello remite al principio femenino, arquetípicamente encarnado por la madre. Y desde esta perspectiva la anorexia puede funcionar inconscientemente como un intento de detener el paso a la feminidad adulta, no parecerse a la madre y rechazar su destino, su cuerpo o su historia.

En este sentido, el cuerpo se vuelve delgado, anguloso, casi neutro, como si quisiera escapar de la carne materna y de lo que esta representa. Por consiguiente, la anorexia no solo comporta un conflicto con la figura materna, también con la propia feminidad, así como con la Polaridad Femenina y sus atributos inherentes (cuidado, respeto y cariño hacia uno mismo).

Como consecuencia del trabajo de sanación que llevamos a cabo en la consulta, Laura empezó a experimentar una mejoría sustancial después de unos 3-4 meses.

A fecha de hoy, come con ganas y con placer, posee un peso equilibrado y disfruta de una relación armoniosa con su madre.

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