Evitemos sacar las cosas de quicio

Se están poniendo muy de moda esos vídeos supervirales en los que alguien come un par de piezas de fruta y a los pocos minutos comprueba horrorizado, después de haberse hecho un test con un glucómetro, cómo suben sus niveles de azúcares en sangre.

Y bien, ¿dónde está el problema?

Todo el mundo, repito, todo el mundo, experimenta taquicardia cuando practica el coito con su pareja. Pero esto no significa, ni mucho menos, que uno esté enfermo. Es decir, todo el mundo comprende que es natural que se te acelere el corazón cuando tienes relaciones sexuales con tu pareja. Por eso, nadie deja de practicar sexo cuando se le acelera el corazón al hacerlo.

Por la misma regla de tres, el azúcar en sangre sube después de comer fruta. Lógicamente. Naturalmente. Y para eso está el páncreas (no lo tenemos para adornar): para producir insulina y equilibrar los niveles de azúcar en sangre, siempre que sea necesario.

Nunca jamás en la historia de la Humanidad comer fruta, o boniatos, o calabazas o dátiles, o miel ha sido un problema para la salud.

El problema es comer, con frecuencia, hidratos de carbono refinados, como el azúcar blanco, la bollería industrial, los pasteles, los croissants de chocolate, las chuches o los refrescos azucarados. Porque si estos comestibles se consumen de forma regular sí que generan picos muy altos de glucosa que pueden terminar enfermando al páncreas con el paso de los años, provocando que éste se vuelva perezoso o que, simplemente, deje de producir insulina.

Es necesario recuperar el sentido común si hablamos de nutrición humana y evitar a toda costa sacar las cosas de quicio.

Y ahora, más que nunca.

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