El origen de las enfermedades

No existe ninguna enfermedad, afección, achaque, dolor o malestar cuyo origen radique exclusivamente en el plano físico. No importa si hablamos de un cáncer, de un catarro, de una intoxicación o de un acné. Todos ellos tienen su origen en el plano psicoemocional.

Sí, el conflicto que desencadena el síntoma se ubica en el plano psicoemocional, pero el plano psicoemocional necesita del plano físico-corpóreo para poder manifestarse. Por eso, la causa original de las enfermedades no son los gérmenes, ni los agentes tóxicos, ni la genética, ni la mala alimentación. La causa original es el conflicto, que, a su vez, se sirve de los gérmenes, de los agentes tóxicos, de la genética o de la mala alimentación para, sumado al tiempo, poder manifestarse.

En consecuencia, podemos asegurar de una forma resumida que cuando un ser humano enferma, la que originalmente enferma es su alma, y, a continuación, su cuerpo. Siempre en ese orden. Así pues, para poder afirmar que un ser humano está completamente curado es imprescindible que su alma lo esté primero. O dicho de otro modo: que el conflicto desencadenante de su enfermedad esté adecuadamente resuelto. Porque, si no lo está, es más que probable que la enfermedad vuelva a manifestarse en el cuerpo tarde o temprano.

La enfermedad, o sus síntomas, puede ser acallada, parcheada o corregida temporalmente con medicamentos o incluso con remedios naturales.

El alma, no.

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