Una gran cantidad de seres humanos toman decisiones en función de modas pasajeras, y, sobre todo hoy en día, influenciados por las tendencias dominantes de las redes sociales.
En este contexto, recordaréis que hace varios años algunos amantes de la vida sana ponían mucho el acento en la importancia de consumir alimentos alcalinizantes. Sin embargo, una parte de estas mismas personas ahora defienden a ultranza el consumo diario de proteínas de origen animal, que, conviene recordar, son los alimentos más acidificantes que existen.
Por supuesto, los alimentos de origen animal no han dejado de ser acidificantes en ningún momento. Porque las leyes de la química y de la biología son inmutables, y no cambian en unos pocos años. Lo que sí que cambian son las modas, y las formas de actuar, a veces inconscientes, de la gente que se deja arrastrar por ellas.
Con todo esto que comento no estoy dando a entender que no haya que ingerir proteínas de origen animal, ni mucho menos. Lo que afirmo, y repito, es que esas proteínas son muy acidificantes. En consecuencia, si se ingieren a diario y en grandes cantidades, al final, la acidosis del organismo será un hecho, y, a la larga, eso implicará un impacto sobre la salud.
Solo hay una forma razonable de que el consumo de proteínas de origen animal no termine perjudicando a la salud, y es hacer lo mismo que han hecho durante miles de años los pueblos más longevos y saludables de la historia de la Humanidad: comerlas con moderación, que sean lo más naturales que se pueda (preferiblemente, ecológicas) y acompañarlas siempre de una cantidad suficiente de vegetales crudos (muy alcalinizantes), como los de una ensalada.
Comprobado.
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