La clave para tener una salud de hierro


Pudiera parecer, a priori, que para disfrutar de una salud de hierro debas tener unos buenos genes, o alimentarte de forma natural, o practicar algún deporte, o hacer meditación. Y por supuesto que cualquiera de estas actividades podría ayudarte. Sin embargo, he conocido casos de personas que aun cuidándose mucho terminaron enfermando gravemente. E, igualmente, sé de otras que no se cuidaban demasiado y disfrutaron de una vida larga y saludable. ¿Cómo es esto posible? 

Es muy fácil responder a esa pregunta cuando comprendemos lo que es la enfermedad a un nivel profundo, yendo a sus raíces. Desde ahí, podríamos definirla como la expresión corpórea de un conflicto no resuelto.

La genética es un condicionante; los virus, las bacterias o los agentes tóxicos un vehículo; pero la raíz no es otra que la forma en que la persona gestiona sus emociones ante la realidad que le toca vivir.

Si algo te enfada y te tragas tu enfado, tu hígado enfermará. Si te cuesta mucho ser dulce contigo mismo, será tu páncreas el que se resienta. Si no puedes filtrar lo que le sobra a tu vida, tus riñones pagarán un precio. Si no has aprendido el juego del intercambio en esta vida, tus pulmones sufrirán. Si te maltratas a ti mismo, te dolerá el cuerpo. Y si tienes el corazón demasiado duro, puede que éste termine colapsando.

La alimentación, el ejercicio, el contacto con la Naturaleza... sí, todo eso ayuda; pero no son factores determinantes. La experiencia nos lo demuestra con cientos de ejemplos. El factor determinante es la ACTITUD.

Efectivamente, la única manera segura de alcanzar una salud de hierro es manteniéndose alejado del conflicto en tu vida. Ya sea que hablemos de conflictos externos (con los demás, como discusiones, maltratos, etc.) o con uno mismo (no saber cómo gestionar ciertas determinadas situaciones y alimentar emociones dañinas, como la el resentimiento, los celos, la envidia o el miedo).

Así pues, tu salud depende, sobre todo, de tu paz interior, de que vivas alejado de los extremos, de que cultives  una vida social saludable, de que aprendas de tus experiencias, de que actúes con bondad, y, por encima de todo, de que te ames. O dicho de otro modo:

Que te respetes.
Que te escuches.
Que trates de comprenderte.
Que te trates con dulzura.
Que sepas perdonarte.
Que cumplas tu palabra.
Que no pierdas la sonrisa.
Que confíes en ti mismo.
Que seas valiente.
Que te aceptes.

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