Compasión


Una seguidora de Facebook me comentaba en privado, con notable humildad, que le cuesta muchísimo sentir compasión por los demás (ojo, que "compasión" no es "lástima"), y que si yo sabía alguna manera de desarrollar esta gran virtud.

El caso es que yo tengo mi propio mecanismo para conectar con la compasión y para desarrollarla; y es tremendamente simple, práctico y eficaz. No es que yo lo aplique el cien por cien de las veces, pero cuando lo hago, soy capaz de sentir compasión. Y, en ocasiones, muy profunda.

Por ejemplo, a veces...

...cuando alguien me miente, y eso me disgusta, trato de recordar alguna ocasión en la que yo he mentido a alguien y le he hecho daño con esa mentira; y voy y me digo: "Tranquilo, Carlos, tú también has hecho algo parecido en otros momentos, así que no te quejes". Y eso me da cierta paz.

...cuando alguien no actúa educadamente conmigo, y eso me enfada, trato de recordar situaciones de mi vida en las que yo no he actuado educadamente con los demás; y eso me alivia.

...cuando alguien a quien aprecio no me tiene en cuenta, y eso me entristece, trato de recordar momentos en los que yo he ignorado a otras personas; y entonces me vuelvo más indulgente.

...cuando alguien me defrauda, trato de recordar ocasiones en las que yo he defraudado a otras personas (más de una, y más de dos...); entonces me doy cuenta de que mi decepción debe de ser muy parecida a la que sintieron esas personas cuando yo les defraudé. Y eso, por alguna razón, me reconforta.

...cuando veo que alguien está pasando por una etapa de oscuridad y calamidad en su vida, y que las cosas no le salen bien, entonces me acuerdo de esas etapas de mi vida en las que la oscuridad me ha envuelto, la calamidad me ha azotado, y me he sentido solo y perdido en mitad del vacío. Entonces, conecto con el dolor y con el sufrimiento de esa persona, trato de ver su potencial humano, su luz, su grandeza... y me entran ganas de acercarme a ella.

...cuando el rechazo, la indignación o el desprecio crecen en mí y voy a señalar a alguien con mi dedo acusador, cuando me ciega la ignorancia, el ego o el orgullo, a veces, un atisbo de luz en mi mente me dice: "Carlos, frénate, ¿no te das cuenta de que junto a ese dedo con el que señalas hay otros tres dedos que te señalan a ti?".

Y entonces, me freno, sonrío...
...y trato de perdonarme.

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