La Ley del Mínimo Esfuerzo

Si nos paramos a observarla detenidamente, nos daremos cuenta de que la Naturaleza no se esfuerza para que los acontecmientos ocurran. Por ejemplo:
  • El caudal de un río siempre buscará la parte más baja del terreno para ayudarse de la fuerza de la gravedad y llegar hasta el mar.
  • Un animal sediento siempre buscará el itinerario más corto para llegar a un lugar donde haya agua.
  • Una madre que haya parido una camada, si tiene que elegir, siempre favorecerá a los cachorros más fuertes, pues a fin de cuentas son éstos los que más probabilidades tienen de perpetuar la especie, que es de lo que se trata.
  • Un primate masticará la fruta la cantidad justa y necesaria de veces antes de tragarla, pero nunca lo hará por exceso. No perderá su tiempo en algo innecesario.
  • Si un primate tiene prisa y puede bajar de un árbol dando un salto, lo hará de ese modo en vez de hacerlo por el tronco.
O sea, que la Naturaleza y sus seres son prácticos. Nunca pierden el tiempo.

Sin embargo, los seres humanos somos unos animales... un tanto peculiares, y tenemos la extraña habilidad de llevar al extremo algunas de las leyes de la Naturaleza. Como, por ejemplo, la Ley del Mínimo Esfuerzo.

La vida moderna está salpicada de ejemplos al respecto:
  •  Microondas. El tiempo que se ahorra en la cocción de los alimentos no compensa la desvitalización de los mismos que comporta su uso.
  • Olla exprés. Consigue cocinar más rápido que una cacerola, pero aumentando mucho la presión en el agua, que hierve a 120º, con lo que se destruyen muchas vitaminas y nutrientes.
  • Arroz y pasta refinados. Desde luego que se cuecen en la mitad de tiempo que los integrales, pero no poseen prácticamente ningún valor nutritivo. O sea, que pagas por un comestible que no es que te aporte poco sino que roba nutrientes de tu organismo.
  • Automóvil. Lo lamentable es que se utilice de forma sistemática para desplazamientos cortos o urbanos... si lo que pretendemos es no contaminar aún más nuestro planeta. ¿No es contradictorio?
  • Medios de comunicación telemática (correo-e, Whatsapp, Messenger, sms, Facebook, etc.). Claro que pueden ser tremendamente socorridos, pero el abuso en la utilización de estas vías de comunicación interpersonal puede llevarnos a una deshumanización de las relaciones, a que se sustituyan los encuentros cara a cara por encuentros virtuales.
  • Dar portazo a una relación (pareja, familiar, amistad...) en cuanto ésta se tuerce. Todas las relaciones humanas tienen sus más y sus menos, sus encuentros y sus desencuentros, y ninguna está exenta de grandes retos. No obstante, encuentro demasiado habitual que se ponga punto y final a una relación sin haber hecho antes, aunque sea, un pequeño esfuerzo, un ejercicio de auténtica voluntad, para propiciar un acercamiento entre ambas partes.
  • Sumergirnos en una vorágine consumista que implique adquirir de forma recurrente productos o servicios, so pretexto de hacernos la vida más fácil y más cómoda, que en el fondo, o a la larga, supongan un atentado contra nuestro planeta, contra personas desfavorecidas u oprimidas o contra nuestra propia autoestima.
  • Dejarnos arrastrar por el miedo (lo cómodo, lo fácil), en vez de aplicar el amor en cualquiera de sus facetas (respeto, tolerancia, valor, sinceridad, confianza, saber escuchar...) para afrontar los retos del día a día, empezando por el muy noble de crecer interiormente.

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