Me he roto el codo

El 7 de julio publiqué un artículo en Saliment sobre un miedo característico de algunos ciclistas urbanos. Y en dicho artículo decía: Desde luego, yo no sé si algún día tendré un accidente circulando por el carril-bus o no. Sí sé que lo que tenga que ser, será.

Pues bien, en el carril-bus, no, pero el pasado viernes circulaba por el carril-bici de la avenida de Aragón cuando, de repente, se me cruzó una chica que salía un tanto despistada de una parada de autobús. El caso es que choqué con ella a cierta velocidad sin (milagrosamente) dañarla (sólo una pequeña contusión). Sin embargo, yo salí despedido por los aires y terminé impactando de forma contundente en el suelo sobre mi costado izquierdo, recayendo todo el peso de mi cuerpo sobre el codo. Al mirármelo, observé que tenía un edema y algo fuera de su sitio, por lo que supe que algo serio había ocurrido y que tendría que acudir al hospital.

Allí me han dicho los médicos que tengo el olécranon partido y el triceps desplazado, por lo que se hace imprescindible la cirugía. Así pues, si Dios quiere, me operan mañana por la mañana en el Hospital Clínico Universitario.

Mi deseo es poder contaros en breve en Saliment las vicisitudes asociadas a esta imprevista aventura, que aunque pueda aparentar ser un gran fastidio, le he encontrado ya muchas lecturas interesantes. Eso sin contar las fascinantes causalidades que se han sucedido en los últimos días.

Por todo ello, me siento muy agradecido a la vida, a todo el personal del hospital (gente encantadora), y, especialmente a dos seres humanos maravillosos: Yolanda y Thais.

Un fuerte abrazo para todos/as.

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