La falta de hierro y la falta de Fe

Sin entrar en las causas orgánicas o físicas, de sobra conocidas, que pueden desembocar en una falta de hierro en el organismo humano, hoy quiero compartir con vosotros/as algunas de mis observaciones en lo relativo a las causas psicosomáticas de este importante mineral.

A lo largo de mi experiencia como educador y terapeuta de la alimentación, he tenido ocasión de comprobar reiteradamente una curiosa relación metafórica entre la falta de hierro y la de Fe en varios de mis pacientes.

Ya sabéis que Fe es el símbolo del hierro. Podéis comprobarlo en cualquier Tabla Periódica de los Elementos. Por eso, podríamos escribir algo como A Paula le falta Fe (hierro), y de ahí entresacar la clave simbólica para entender la metáfora subyacente. Podríamos expresarlo, también, mediante una ecuación tal que así: La falta de hierro=La falta de Fe (Fe con mayúsculas). La fe es definida por la RAE mediante varias acepciones, pero en su esencia, todas ellas implican el concepto de confianza. Por consiguiente, Fe (con mayúsculas) sería una gran confianza.

Voy a explicarlo con más detalle.

La principal función biológica que cumple el hierro en el organismo humano es la conformación de dos moléculas vitales: la hemoglobina (que transporta oxígeno en la sangre y lo distribuye a las células) y la mioglobina (que almacena dicho oxígeno). El déficit de hierro en un ser humano provocará que la sangre no esté en condiciones óptimas de transportar y almacenar suficiente oxígeno, por lo cual el individuo terminará sintiéndose cansado o agotado.

Asimismo, una sangre poco oxígenada no poseerá un color rojo tan intenso como otra que sí lo esté. ¿Habéis oído alguna vez la expresión Fulanito tiene una sangre de horchata? Sirve para designar a una persona a la que le falta coraje o empuje para lograr algo en particular, o bien valor para hacer frente a una situación que inspira temor. Repito: Fulanito tiene la sangre de horchata. Es decir, la sangre blanquecina, sin suficiente hierro, sin suficiente oxígeno. He ahí la metáfora.

Para emprender un camino, máxime si es duro o difícil, o para arrostrar una situación que nos provoca miedo, hace falta confianza en uno mismo, y confianza en la vida y en sus recursos; hace falta Fe. La Fe aleja el miedo. Y uno teme porque no confía (negación, escepticismo), o porque no confía lo suficiente (incertidumbre, duda).

La debilidad del cuerpo entra en correspondencia directa con la debilidad interior del individuo (una lleva a la otra), con su debilidad de espíritu (ya sea de manera temporal o permanente). El paciente necesita, pues, valor, coraje, confianza; en definitiva: Fe. El paciente necesita sacar pecho (otro símbolo de valor) para, precisamente, poder respirar a fondo, y, de ese modo, oxigenar adecuadamente su sangre. Porque en la mayoría de casos que he observado, la falta de hierro en sangre se acompaña de una respiración pobre, deficitaria (muchos de dichos pacientes, de hecho, están con el pecho hundido).

Por consiguiente, para superar la anemia, y superarla de raíz, se impone la necesidad de que el paciente se vuelva (en mayor o menor grado, según el caso) como el hierro. El hierro es un símbolo de fuerza. Las estructuras de hierro (o acero) inspiran confianza, dan seguridad. El hierro es duro y tenaz. El hierro aguanta, soporta. Cuando otros materiales se rompen, él resiste.

Finalmente, al ser la falta de hierro la falta de Fe, de manera inversa, el incremento de la Fe (en uno mismo, en la vida, en el devenir) implicará la mejora en los niveles de hierro en el organismo.

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