Sobre la educación de los hijos

El otro día recibí un documento Power Point que expresa de forma elocuente una de mis ideas acerca de cómo NO se debe educar a un hijo.

Copio y pego el texto.

Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó durante varias horas cómo la mariposa se esforzaba para que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. Entonces, pareció que ella ya no lograba ningún progreso. Parecía que había ido lo más lejos que podía en su intento y que no podía avanzar más.

El hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó una tijera y cortó el resto del capullo. La mariposa, entonces, salió fácilmente. Pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas.

El hombre continuó observándola porque él esperaba que, en cualquier momento, las alas de ella se abrirían y se agitarían para ser capaces de soportar el cuerpo, que, a su vez, iría tomando forma. ¡Pero nada ocurrió! En realidad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo deforme y alas atrofiadas. Ella nunca fue capaz de volar.

Lo que el hombre, en su gentileza y voluntad de ayudar no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era el modo por el cual el fluido del cuerpo llegaría a las alas, de tal forma que ella estaría pronta para volar una vez que estuviera libre del capullo.


Puedo deciros que conozco a muchas personas (amigos, familiares, pacientes) que en su día fueron niños sobreprotegidos, o cuyos padres, en un gesto de buena voluntad (en el mejor de los casos), les pusieron las cosas muy fáciles. Unos niños que han ido creciendo hasta hacerse adultos y que en la actualidad arrastran con mucho pesar y enormes dificultades una gran cruz. Me refiero a la incapacidad para valerse por sí mismos (independencia) y para manejarse de forma resuelta y decidida en una sociedad dura y competitiva que exige importantes cualidades al ser humano.

Por eso, mi conclusión es que a los hijos no es conveniente ahorrarles esfuerzos o ponerles fáciles las cosas para granjearnos su cariño y su aprecio. Es más oportuno enseñarles, ya desde pequeños, y con cariño pero con determinación, a lidiar por sí mismos con los obstáculos y los avatares que les plantee la vida. Los padres han de ser los guías, quienes les apoyen y estimulen, quienes detecten sus puntos débiles y les ayuden a superarlos. No quienes realicen el trabajo por ellos.

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