¿Adónde nos lleva este confinamiento?



Muchas veces, cuando hablo del origen emocional de las enfermedades, hay una frase que suelo repetir: la enfermedad (el conflicto) nos lleva a hacer a través del inconsciente y con sufrimiento lo que no hemos hecho a través del consciente y desde la armonía (amor).

Por ejemplo: la fiebre nos obliga a exteriorizar una energía ardiente (tipo fuego) que no hemos exteriorizado previamente en presencia del conflicto (hemos reprimido), como la ira o la rabia (emociones tipo fuego).

Y por la misma regla de tres, este confinamiento forzoso por el coronavirus también nos está obligando/condicionando a vivir una serie de situaciones que no fuimos capaces de vivir de forma voluntaria (consciente) y amorosa en el pasado.

Por ejemplo:

  • Padres que ahora tienen tiempo para jugar con sus hijos.
  • Trabajadores que vivían bajo un intenso y continuado estrés y ahora pueden descansar.
  • Parejas que viven juntas y ahora se están conociendo mucho mejor (algunas reforzarán sus vínculos y otras terminarán separándose).
  • Familias que, necesariamente, tienen que cooperar (unirse) para salir adelante.
  • Vecinos que se están comunicando a través de ventanas y balcones, o que se ayudan.
  • Personas que viven solas y que, necesariamente, han de enfrentarse a sí mismos (soledad, miedo, retos importantes...) con paciencia, comprensión y creatividad.
Además, esta situación nos obliga a mantener las distancias entre nosotros, es decir, a respetar el espacio vital de los demás y a cuidar del nuestro propio, a tener muchos momentos para la introspección, tiempo para pensar, para replantearnos muchas cosas, para desarrollar nuevos proyectos de trabajo y para darnos cuenta de que el confinamiento ("encerrar dentro de unos límites") pone a prueba, curiosamente, nuestra capacidad para superar nuestras propias limitaciones. 

Que quizá sean menos de las que imaginábamos...

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